Page 106 - El Rostro Enfermo
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Enfermedades generales y deformidades faciales
              General diseases and facial deformities





              Reseña artística - Artistic review

              Enfrentarse a Las meninas constituye todo un desafío
              para quienes creen dominar la totalidad de los adjeti-
              vos que definen la admiración ante una magna obra
              de arte. Compleja, creíble, real, son algunos de estos
              interminables calificativos. Se pintó en el Cuarto del
              Príncipe del Alcázar de Madrid. Doña María Agustina
              Sarmiento  y  doña  Isabel  de  Velasco,  meninas  de  la
              reina, atienden a la infanta Margarita, a la que entre-
              tienen los enanos Mari Bárbola y Nicolasito Pertusato,
              que azuza a un mastín, mientras la dama de honor
              doña  Marcela  de  Ulloa,  junto  a  un  guardadamas,  y
              José Nieto, el aposentador, al fondo, contemplan la
              escena. En el espejo se ven reflejados los rostros de
              Felipe IV y Mariana de Austria, padres de la infanta,
              pintados  por  el  último  de  los  protagonistas,  Diego
              Velázquez (1599-1660). La perspectiva se despliega
              mediante la multiplicación de fuentes de luz, crean-
              do un ilusionismo característico de los artistas de la
              época, introduciendo al espectador no solo en lo que
              se aprecia de la escena, sino en lo que no, pero se su-
              giere. La interpretación más común sostiene que los
              reyes, que están siendo retratados por Velázquez y se
              reflejan en un espejo en segundo plano, ocuparían el
              lugar del espectador, mientras que el pintor, la infan-
              ta Margarita y sus asistentes componen la escena que
              el artista nos presenta. El maestro le ha dado la vuelta
              a la pintura, también en sentido literal, pues el hecho
              pictórico en sí se convierte en motivo principal, en
              consonancia con las aspiraciones de arte liberal que
              los pintores reclamaron durante el siglo XVII.
              Pero la excepcionalidad de Las meninas no se agota
              en este original planteamiento compositivo. Las ge-
              nerosas dimensiones del cuadro, que dependen de
              una  ejecución  necesariamente  ajustada  a  la  mano
              del artista, nos permiten reconstruir pincelada a pin-
              celada la gestación visual de los detalles, el pelo, las
              vestiduras y las impresiones de color. Esta conciencia
              del arte de la pintura como tema y como acto, no
              estorba  sino  que  acompaña  la  verosímil  sugerencia
              de las más mínimas cualidades creadas por un pincel,
              como la luz que rompe la escena e, incluso, el aire
              que se interpone ante el espectador.


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